Ya esta a la venta el número 3 de la revista sobre cine y arquitectura Teatro Marittimo, que dirige David Rivera, profesor del grado en diseño de Interiores.
En sus famosas
Confesiones de un opiófago inglés Thomas de
Quincey explica que “en las primeras etapas de mi enfermedad, los
esplendores de mis sueños eran, sobre todo, arquitectónicos: y
contemplaba la pompa de ciudades y palacios que nunca vieran ojos
despiertos, como no fuera en las nubes”. Unas pocas décadas después,
Victor Hugo se expresaba de manera parecida en su opúsculo
El Promontorio del Sueño:
“¡Qué bovedas! ¡Qué pórticos! ¡Qué columnas! ¡Qué estrellas! Los
hombres siempre querrán habitar este palacio de lo imposible”. Y casi en
la misma época encontramos a C. R. Cockerell, el gran arquitecto
clasicista y autor del famoso cuadro onírico-arquitectónico
El sueño del profesor, celebrando
con estas palabras el que quizá sea el sueño fundamental de la historia
escrita de la arquitectura, el tratado renacentista
Hypnerotomachia Poliphili de
Franceso Colonna: “Imbuido de la sentimentalidad de un amante de lo
Bello, nos hace vagar con él por las soledades de ciudades abandonadas,
nos describe los fragmentos partidos de glorias desaparecidas, nos ocupa
junto consigo mismo en la reconstrucción de las partes caídas y el
restablecimiento del todo”.
Pero no todo es hermosura en los sueños arquitectónicos, como no lo
es tampoco en el paisaje “real” creado por la arquitectura; y así nos
avisa De Quincey de que “la sensación espacial y en último término la
temporal se veían seriamente afectadas. Los edificios, paisajes,
etcétera, se mostraban en proporciones tan amplias que el ojo humano no
está preparado para recibirlas”. Y en esas mismas páginas De Quincey
utiliza sus imprecisos recuerdos de las
Carceri de Piranesi a modo de ilustración de sus sueños.
Algunos podrían pensar que de entre todas las grandes manifestaciones
artísticas humanas precisamente la arquitectura, obligada a la
Firmitas y la
Commoditas,
es la que menos inclinada debería mostrarse a dejarse contaminar por
los sueños, por las locas quimeras y las fantasías que se agolpan en la
mente de los hombres. Pero la arquitectura no sólo ha demostrado ser una
colosal proveedora de sueños para películas, pintores y poetas, sino
que ha sido también el arte que con más convicción ha
materializado los sueños y las pesadillas.
Observar y comprender de qué manera la arquitectura puede inclinarse
del lado de la ensoñación feliz o más bien del delirio opresivo es un
talento que las películas de cine poseen en grado sumo. El tercer número
de
Teatro Marittimo se adentra en la zona de penumbra en la que
soñamos con ciudades y edificios, y ellos, de manera inquietante, nos
sueñan también a nosotros.
Nos gusta pensar que la sección de entrevistas de
Teatro Marittimo es
el núcleo de la publicación. En este caso, encontrar una autoridad
indicada para opinar sobre estos temas aparentemente etéreos parecía una
tarea difícil. La inspiración nos hizo encontrarla en la persona de
David Watkin, uno de los más grandes historiadores contemporáneos de la
arquitectura y un
activista arquitectónico singular cuya defensa del ideal estético clásico y cuya crítica del
moralismo
arquitectónico entronca de manera directa con las preocupaciones del
número presente. Aunque Watkin ha difundido sus ideas y estudios en
libros y ensayos mundialmente conocidos y citados, el lector encontrará
en esta entrevista, expresados de manera espontánea, algunos puntos de
vista mucho menos conocidos, además de una serie de observaciones
puntuales que resultan en extremo suculentas.
Los artículos de las restantes secciones de este número de
Teatro Marittimo
proponen en esta ocasión un análisis del tipo ideal que constituye la
casa de Sherlock Holmes, que puede ser vista como un ejemplo supremo de
fantasía literaria capaz de tomar cuerpo real; un estudio del modo en
que el cine ha entendido el modelo del monasterio medieval como imagen
de lo divino en la tierra; y una breve exploración de un edificio
concreto, la granja de cazadores de
Hatari!, que constituye un
surreal enclave de civilización entre las bestias de la sabana. El
lector encontrará dispersos a través de los distintos artículos otros
sub-temas relevantes que se encuentran más bien a
ése lado de la
frontera con el brumoso país de los sueños (“la Otra Parte”, como Kubin
lo llamaba): la vanidad de la existencia, los laberintos o la Torre de
Babel. Por otra parte, en la sección miscelánea
Speakers’ Corner incluimos, por vez primera, un artículo en idioma inglés, planteando así la posibilidad de una futura revista bilingüe.
Los números anteriores
Teatro Marittimo es una revista
semestral, con formato de libro, dedicada al análisis de las relaciones
e intersecciones existentes entre el cine y la arquitectura. Editada por
la Fundación Diego de Sagredo, su dirección está a cargo de
especialistas en arquitectura y urbanismo, contando entre sus
colaboradores con profesores de diversas universidades y profesionales y
ensayistas dedicados a la crítica de arquitectura.
La revista se centra en el estudio de
las relaciones conceptuales y artísticas existentes entre el cine y la
arquitectura. Los ensayos que componen cada número utilizan la
imaginación y la iconografía cinematográficas como pretexto para
examinar diversos temas de relevancia relacionados con la ciudad y sus
edificios.
Cada número de la revista parte del
estudio de un tema general que se considera de actualidad
y suficientemente relevante, y hace énfasis en aquellas cuestiones
polémicas de la Modernidad que se consideran irresueltas en el ámbito de
la cultura urbana y arquitectónica.
El primer número de Teatro Marittimo se
dedica al examen de las utopías construidas en el siglo XX (la
arquitectura del suburbio ideal norteamericana, los barrios
funcionalistas, la planificación urbana fascista, el Nuevo Urbanismo,
etc.) utilizando para su exploración películas como La naranja
mecánica, Caro Diario, La dolce vita, Revolutionary Road, Origen, o
series como Mad Men o Los Simpson.
El segundo número (ahora mismo en
proceso de maquetación) se centra en la visión que el cine
ha desarrollado de la tecnología arquitectónica, con artículos sobre
John Ruskin, Archigram, John Lautner, Walter Gropius y la
prefabricación, etc., y utiliza para su interpretación películas tan
diversas como El señor de los anillos, los cortos de Buster Keaton, La
guerra de las galaxias o el cine de platillos volantes de los años 50;
además, incluye artículos sobre Los Soprano, las casas de los psicópatas
o la imagen de las pirámides en el cine.
Además de la sección principal, la
revista cuenta con un número adicional de apartados fijos dedicados al
estudio de parcelas más concretas de la cultura arquitectónica, como
“Épicas modernas”, que examina en cada número una serie de televisión de
éxito en la que la presencia de la arquitectura y la ciudad sea
especialmente relevante; “Arquimeras”, dedicada a las propuestas
arquitectónicas ideales o
excéntricas, o a la obra de algún arquitecto destacado por su
originalidad; “Antiquarium”, que se centra en la arquitectura antigua y
en la presencia de los monumentos en el cine; “Dime dónde vives”,
que analiza un tipo de casa diferente en cada ocasión; y finalmente
“Speaker’s Corner”, el apartado final, más libre y dedicado a la
crítica, en el que se examina algún evento arquitectónico o
cinematográfico reciente o bien se acomete una apología o denuncia de
algún aspecto notorio presente en el panorama arquitectónico y cultural.

Además, Teatro Marittimo cuenta en cada número con una extensa
entrevista a algún personaje relevante del panorama internacional cuya
obra arquitectónica o producción científica y crítica encuentre algún
eco en el tema principal que articula cada número. El célebre y veterano
arquitecto y polemista Léon Krier inauguró la serie, mientras que el
prestigioso arquitecto y restaurador holandés Wessel de Jonge ocupa las
páginas dedicadas a la entrevista en el número 2 de la revista.
Enlaces de Interés:
http://www.diegodesagredo.com/