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viernes, 13 de febrero de 2026

RESEÑA DE "SNUFF MOVIE.FILMANDO LA MUERTE" DE SEKOTIA EDITORIAL

 


Snuff Movie. Filmando la muerte, de Cristian Rodríguez Jiménez

Me acerqué a Snuff Movies. Filmando la muerte con una idea preconcebida que el propio libro se encarga de desmontar desde sus primeras páginas. Esperaba encontrar un ensayo centrado en el análisis cinematográfico de películas que han jugado históricamente con el mito del snuff movie: títulos más o menos alejados de la realidad como Tesis de Alejandro Amenábar, Asesinato en 8 mm (8MM, Joel Schumacher), Hardcore o los falsos documentales y productos de exploitation extremo que durante décadas han alimentado la leyenda de un cine maldito dedicado a filmar la muerte real. Sin embargo, el libro de Cristian Rodríguez Jiménez va mucho más allá —y mucho más adentro— de esa zona confortable de la ficción.

Lejos de refugiarse en el análisis fílmico o en el inventario de mitologías cinematográficas, la obra rompe de forma radical con la idea del snuff como género para abordarlo como concepto y, sobre todo, como síntoma cultural. El resultado es un ensayo que incomoda desde la lucidez y que obliga al lector a abandonar cualquier distancia tranquilizadora.

Rodríguez Jiménez plantea el snuff movie no como un objeto fácilmente localizable, sino como una cristalización extrema de un proceso de deshumanización progresiva. Más que preguntarse si el snuff existe en términos absolutos, el libro se interroga por las condiciones que hacen posible que deseemos creer en él, consumirlo o incluso producirlo. El verdadero núcleo del problema no es la imagen aislada de la violencia filmada, sino la normalización del deseo de verla.

Desde esta perspectiva, el snuff se inscribe en un continuum histórico de violencia que el ser humano ha utilizado como herramienta de supervivencia, de lucro y de ocio. Desde rituales primitivos y ejecuciones públicas hasta la mercantilización digital del sufrimiento, el libro traza un mapa inquietante donde el morbo actúa como aperitivo de la deshumanización. La muerte real deja de ser tabú para convertirse en contenido, y el dolor ajeno en un producto intercambiable dentro de la economía de la atención.

Uno de los grandes valores del ensayo reside en su enfoque multidisciplinar. Cristian Rodríguez Jiménez no escribe desde la especulación ni desde el sensacionalismo, sino desde una mirada criminológica, psicológica, sociológica y filosófica, sustentada en su experiencia profesional y en una metodología rigurosa. El libro no busca provocar por provocar, sino comprender, aun sabiendo que comprender no equivale a justificar.

La obra desmonta el mito del monstruo repentino y propone una imagen mucho más inquietante: la del individuo que se va radicalizando de forma progresiva, casi imperceptible, a partir de una constelación de factores de riesgo. Violencia normalizada, entornos familiares desestructurados, carencias afectivas, frustración sostenida y erosión de la empatía se combinan hasta que la violencia deja de percibirse como excepción y se integra en la rutina. Como subraya el autor con crudeza, siempre es más fácil engañar a alguien que hacerle entender que ha sido engañado.

Uno de los aciertos más incómodos del libro es devolver la mirada al lector. El snuff movie no se define únicamente por la intención criminal de quien graba, sino también por la recepción pasiva —y a veces cómplice— del espectador. Filmar un accidente mortal, un atentado o un linchamiento y compartirlo no es un acto neutro: convierte el sufrimiento en contenido y la cámara en un instrumento de cosificación.

El libro señala con precisión esa contradicción contemporánea: condenamos la violencia extrema, pero no apartamos la mirada cuando aparece en nuestra pantalla envuelta en forma de noticia, viral o vídeo impactante. Reírse de una caída, reenviar imágenes de cadáveres o detenerse a mirar un coche ardiendo no son gestos inocentes. Son pequeñas normalizaciones que, acumuladas, construyen una cultura visual profundamente deshumanizada.

El ensayo dedica una atención central al papel de internet como catalizador de estas dinámicas. La red —y especialmente la dark web y la deep web— funciona hoy como un nuevo videoclub clandestino donde la violencia extrema circula, se archiva y se consume bajo la ilusión del anonimato. Pero el fenómeno no se limita a esos espacios marginales.

Rodríguez Jiménez analiza con lucidez cómo plataformas aparentemente inofensivas como TikTok o Instagram se han convertido en espacios clave para la difusión de mensajes radicales. La propaganda ya no es explícita: se presenta de forma emocionalmente eficaz, sutil, progresiva. El scrolling infinito actúa como un mecanismo de absorción donde el usuario no busca el contenido extremo; es el contenido el que lo encuentra, lo seduce y lo normaliza.

Especialmente perturbador resulta el análisis del uso sistemático de la imagen violenta por parte del terrorismo yihadista. Las ejecuciones filmadas y los atentados editados con una estética casi cinematográfica no son actos improvisados, sino productos comunicativos diseñados para infundir terror, construir identidad y fidelizar audiencias. La muerte se convierte en mensaje político y en herramienta de captación.

El libro amplía el foco al insertar el snuff dentro de una economía global del crimen donde confluyen terrorismo, narcotráfico, trata de personas y control territorial. Rodríguez Jiménez describe cómo las organizaciones criminales contemporáneas funcionan como empresas transnacionales: descentralizadas, adaptativas, capaces de mutar y sobrevivir. En este contexto, la violencia no es un exceso, sino una herramienta estratégica.

La trata de personas emerge como uno de los negocios más rentables y crueles. Migrantes convertidos en mercancía, víctimas reducidas a cifras dentro de una cadena de valor. La grabación de la muerte aparece aquí como la culminación simbólica de un proceso previo de deshumanización: la cámara no crea la violencia, simplemente la certifica y la convierte en producto.

Lejos de proponer soluciones simplistas, el libro apuesta por la prevención primaria como única vía sostenible. Educación crítica, alfabetización mediática, trabajo comunitario y generación de contranarrativas aparecen como herramientas clave frente a respuestas basadas únicamente en la censura o la fuerza. Prohibir sin comprender, advierte el autor, puede ser incluso contraproducente, ya que invisibiliza dinámicas que convendría observar para poder intervenir a tiempo.

La obra no romantiza tampoco la figura del profesional que estudia la violencia. Analiza el desgaste emocional, los mecanismos de defensa y la necesidad de autocuidado de quienes se enfrentan de forma continuada al horror. La normalización no afecta solo a la sociedad: también alcanza a quienes intentan comprenderla.

El libro no elude tampoco el terreno resbaladizo de la historia y el mito que rodean a las snuff movies. Rodríguez Jiménez dedica un espacio fundamental a rastrear sus supuestos orígenes, desmontando la narrativa simplista que sitúa su aparición en los años setenta como un fenómeno aislado. A través de un análisis riguroso, el autor examina cómo el snuff ha funcionado durante décadas más como una construcción cultural que como una categoría fílmica verificable, alimentada por rumores, miedos colectivos y representaciones ficticias en el cine y la literatura. Películas, novelas y productos audiovisuales han contribuido a consolidar un imaginario donde la frontera entre realidad y ficción se difumina, reforzando la fascinación por lo prohibido y lo oculto.

Este recorrido histórico se complementa con una reflexión profunda sobre el impacto cultural, legal y ético del fenómeno. El ensayo analiza cómo las snuff movies han sido utilizadas como recurso narrativo en películas y series, convirtiéndose en un espejo incómodo de nuestras propias contradicciones como sociedad consumidora de imágenes extremas. Al mismo tiempo, el autor aborda con precisión los debates sobre censura, libertad de expresión y responsabilidad moral, preguntándose hasta qué punto la ficción puede servir de coartada para normalizar la violencia real. El libro examina tanto casos históricos y contemporáneos de presuntas snuff movies —muchos de ellos falsos o deliberadamente manipulados— como la circulación de testimonios y pruebas cuya veracidad se diluye bajo el peso del sensacionalismo. El resultado es una exploración exhaustiva y crítica que no ofrece respuestas fáciles, pero sí una mirada informada y profundamente incómoda sobre el lugar que ocupa el snuff en la cultura contemporánea y sobre la necesidad de cuestionar no solo lo que se muestra, sino por qué deseamos verlo.

Snuff Movies. Filmando la muerte es un libro valiente, incómodo, lúcido y profundamente necesario. No se refugia en el mito ni en la ficción, ni ofrece al lector la coartada moral de mirar desde lejos. Por el contrario, lo interpela directamente y lo obliga a revisar su propia relación con la violencia, la imagen y el espectáculo.

No es una lectura fácil ni complaciente, pero sí imprescindible para comprender los límites —y las grietas— de nuestra cultura audiovisual contemporánea. Un ensayo que no busca escandalizar, sino despertar conciencia, y que demuestra que el verdadero horror no siempre está en lo que se filma, sino en la forma en que miramos.

Rodríguez Jiménez examina meticulosamente la historia y el desarrollo de las snuff movies, explorando sus orígenes en rumores y leyendas urbanas hasta su representación en la cultura popular y los medios de comunicación. El autor analiza cómo estas películas han capturado la imaginación pública y han sido objeto de especulación, tanto por su supuesta existencia como por las implicaciones éticas y legales que conllevan.

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jueves, 12 de febrero de 2026

RESEÑA DE "CONTRA LA DISTOPÍA.LA CARA B DE UN GÉNERO DE MASAS" DE LA CAJA BOOKS

 


Reseña de Contra la distopía. La cara B de un género de masas

Francisco Martorell Campos (La Caja Books, 2021)

Contra la distopía se distingue dentro de la bibliografía reciente por su enfoque original y crítico, centrado en los aspectos negativos, ambiguos y contradictorios del imaginario distópico contemporáneo. Francisco Martorell Campos no analiza la distopía únicamente como género literario o cinematográfico ni como simple advertencia futurista, sino como un dispositivo cultural y político que dice mucho sobre nuestras sociedades presentes: aquello que temen, aquello que naturalizan y aquello que ya no saben imaginar.

El punto de partida del libro es deliberadamente inusual. Martorell declara abiertamente su fascinación por el género —“amo las distopías”— y desde esa posición construye una crítica inmanente, no moralista ni elitista. Precisamente porque ha consumido y disfrutado estas narrativas desde joven, su pregunta no es si la distopía es legítima como forma cultural, sino qué efectos produce su hegemonía sobre la imaginación política contemporánea. ¿Qué ocurre cuando el futuro solo parece pensable en clave de catástrofe? ¿Qué tipo de sensibilidad política se fomenta cuando imaginar alternativas se vuelve casi imposible?

En continuidad con su obra anterior, Soñar de otro modo (2019), donde analizaba el eclipse histórico de la utopía, Contra la distopía aborda el reverso del fenómeno: la centralidad cultural del futuro negativo. El objetivo no es negar la potencia crítica del género, sino mostrar sus ambigüedades, contradicciones y efectos políticos no deseados, muchos de ellos profundamente conservadores.

El libro se estructura en tres grandes bloques que permiten articular una lectura progresiva del fenómeno. El primero, Distopiland, construye un mapa sociológico y afectivo del auge distópico. Martorell entiende la proliferación de estas narrativas como síntoma de una época dominada por el miedo, la inseguridad y la impotencia política. La popularidad masiva de sagas como Los juegos del hambre, Divergente, el renovado éxito de 1984 tras la llegada de Trump, o la centralidad cultural de El cuento de la criada y Black Mirror evidencian que la distopía se ha convertido en un producto cultural de masas, rentable y transversal. El autor acuña aquí el término distopofilia para describir esta auténtica adicción colectiva al futuro negativo.

Sin embargo, el diagnóstico va más allá del mercado cultural. El auge de la distopía se explica por transformaciones estructurales profundas: el declive de la esperanza social, la incapacidad de imaginar alternativas al capitalismo, el individualismo neoliberal y la consolidación del miedo como emoción política dominante. Inspirándose en autores como Bauman, Beck, Jameson o Mark Fisher, Martorell muestra cómo hemos pasado de una cultura orientada por el deseo y la transformación a otra regida por la prevención del desastre. Ya no aspiramos a lo mejor, sino a evitar lo peor.

El segundo bloque, La distopía retratada, afina el análisis conceptual. Martorell propone una definición rigurosa de la distopía como género político de la ciencia ficción: la representación de sociedades futuras peores que la nuestra, surgidas del desarrollo extremo de tendencias ya presentes. Esta precisión le permite desmontar usos inflacionarios del término y cuestionar lecturas acríticas, como ocurre en su análisis de El hoyo, que interpreta más bien como alegoría moral abstracta que como distopía propiamente dicha.

Uno de los aportes más sugerentes del libro es la genealogía conceptual del género. La distopía surge históricamente como advertencia frente a ciertos proyectos utópicos obsesionados con la planificación, la homogeneidad y el control. No obstante, Martorell se distancia de la lectura liberal clásica que identifica sin más utopía y totalitarismo, una asociación que considera simplista e históricamente insostenible. Los totalitarismos del siglo XX no pueden explicarse por una sola causa, aunque algunas tradiciones utópicas hayan funcionado como imaginarios legitimadores.

Frente a la utopía clásica —cerrada, estática y sin conflicto— Martorell defiende una utopía abierta, ambigua y autocrítica. La ruptura se produce con Los desposeídos de Ursula K. Le Guin, donde se describe una sociedad mejor que la nuestra, pero atravesada por tensiones internas y desigualdades persistentes. Esta concepción será desarrollada posteriormente en la trilogía marciana de Kim Stanley Robinson, donde la utopía no es un estado final, sino un proceso histórico conflictivo. Esta reformulación va acompañada de una defensa clara, aunque no ingenua, de la democracia como marco mínimo indispensable para cualquier imaginación emancipadora contemporánea.

El tercer bloque, Distopía: la cara B, profundiza en los aspectos menos visibles del género: individualismo extremo, determinismo tecnológico, desfases temporales, revoluciones truncadas, glorificación del trabajo y concepciones obsoletas del poder. Martorell muestra cómo estas constantes ideológicas convierten la distopía dominante en un laboratorio de tensiones éticas que, lejos de impulsar la acción colectiva, tiende a consolidar lo que denomina activismo reactivo: una política defensiva, orientada a evitar pérdidas y catástrofes, pero incapaz de conquistar derechos nuevos o imaginar transformaciones profundas. La paradoja es clara: la distopía pretende criticar el presente, pero acaba legitimándolo al sugerir que cualquier alternativa sería aún peor.

Esta crítica no implica una condena indiscriminada del género ni de la ciencia ficción en general. Existen distopías valiosas, capaces de funcionar como herramientas de reflexión y no como mecanismos de parálisis. El problema surge cuando la distopía se absolutiza como único horizonte imaginable y clausura cualquier proyección positiva del futuro. De ahí la importancia de abrir el campo a otros imaginarios —como el solarpunk— que, sin negar los conflictos reales, recuperen la capacidad de imaginar transiciones, soluciones colectivas y futuros deseables.

En suma, Contra la distopía es un ensayo incómodo, lúcido y profundamente necesario. No es un libro contra la ciencia ficción, sino contra la renuncia colectiva a imaginar alternativas. Con rigor filosófico, claridad pedagógica y un amplio dominio de la cultura popular —de Orwell y Huxley a Matrix o Black Mirror, pasando por Bloch, Adorno, Jameson, Fisher o Castoriadis— Martorell ofrece una lectura ética y política que enriquece de forma decisiva el estudio de la distopía contemporánea. En un momento histórico marcado por el miedo, el presentismo y la impotencia, su propuesta funciona como una llamada a reconstruir la imaginación política y a reaprender a desear el futuro, sin garantías, pero con esperanza.

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miércoles, 11 de febrero de 2026

RESEÑA DE "LA CHICA DE SERIE-B" DE AUTSIDER COMICS

 

RESEÑA LA CHICA DE SERIE B DE AUTSIDER COMICS

La chica de Serie-B

Sergio Mora (Autsider Cómics, 2024)

La chica de Serie-B se alza como un acto de justicia poética hacia una creadora cuya vida parece ya, por sí sola, una novela de fantasía trágica: Millicent Patrick. Su vida, marcada por el talento precoz, la invisibilización sistemática y la apropiación de méritos por parte de la industria, resume como pocas el reverso oscuro del Hollywood clásico. Patrick no fue solo una diseñadora de criaturas: fue animadora en Disney, ilustradora, actriz ocasional, divulgadora científica y creadora del icónico monstruo de "La mujer y el monstruo (1954)" Creature from the Black Lagoon. Una mujer capaz de entender el cine desde dentro y desde fuera, desde el dibujo y desde el cuerpo, desde la técnica y desde la emoción.

Ese carácter transversal, poliédrico y profundamente humano es el que Sergio Mora detecta y convierte en motor creativo. La chica de Serie-B no es una biografía ni un cómic histórico al uso: es una relectura libre, empática y delirante de una figura que encarna todo aquello que Mora reivindica como artista: la mezcla de disciplinas, la ausencia de jerarquías culturales, el derecho a equivocarse, el placer del artificio y la necesidad de contar historias desde el margen.

Desde sus primeras páginas, la novela-cómic se presenta como un objeto inclasificable, deliberadamente excesivo. Mora huye de la síntesis limpia y apuesta por lo que él mismo define como un “cocido” creativo: muchos ingredientes, muchas referencias, tiempos largos de cocción y una voluntad clara de no retirar nada por miedo al desorden. Esta acumulación no responde al capricho, sino a una poética consciente: la del collage, la del caos organizado, la del arte entendido como espacio de libertad absoluta.

El propio autor ha señalado que siempre ha escrito antes de dibujar, incluso en su pintura. En La chica de Serie-B, esa relación íntima con la palabra se despliega con plenitud. El texto deja de ser acompañamiento para convertirse en estructura narrativa, en ritmo, en gag verbal, en reflexión y en contradicción. La escritura es irónica, juguetona, a veces aparentemente ingenua, pero siempre atravesada por una lucidez crítica que desmonta discursos contemporáneos sin necesidad de solemnidad.

Uno de los grandes aciertos del libro es su capacidad para trabajar con el cliché sin caer en él. Personajes como Simón Sagal —cineasta ególatra, excesivo, bocachancla— funcionan como atajos narrativos que el lector reconoce de inmediato. Mora no los juzga desde una superioridad moral; los expone, los exagera y, poco a poco, los humaniza. Porque, como él mismo defiende, los clichés existen porque nacen de la realidad. El reto no es eliminarlos, sino hacerlos hablar, obligarlos a mostrar sus grietas.

En este sentido, La chica de Serie-B es también una obra profundamente contemporánea. Bajo su apariencia lúdica y su estética pulp, el libro dialoga con temas incómodos: la cultura de la cancelación, la mercantilización de las causas sociales, el miedo a expresarse, la instrumentalización del sufrimiento y la banalización de la salud mental. Mora no aborda estas cuestiones desde el panfleto ni desde la corrección política, sino desde el humor como herramienta de supervivencia, como masaje colectivo que permite tocar todos los nervios sin romperlos.

El humor aquí no es burla ni cinismo: es compasión disfrazada de absurdo. Mora entiende el humor como un mecanismo ancestral de defensa, una forma de liberar presión y de generar comunidad. Reírse no es trivializar; es mirar de frente lo insoportable sin quedar paralizado. De ahí que el libro esté lleno de situaciones grotescas, exageradas, incómodas, pero nunca crueles. La risa funciona como acto de resistencia.

Uno de los conceptos más potentes que atraviesan la obra es el de la monstruosidad. El monstruo, tan presente en la historia del cine y en la propia biografía de Millicent Patrick, se convierte aquí en metáfora central. Mora propone una idea tan simple como subversiva: a los monstruos no se les vence matándolos, sino calmándolos. El monstruo no es el otro; el monstruo somos nosotros mismos, nuestras inseguridades, miedos y contradicciones. Eliminarlo sería negarnos.

Esta visión conecta directamente con la noción de empatía que el autor desarrolla a lo largo del libro. No una empatía idealizada o sentimental, sino una empatía torpe, incompleta, llena de malentendidos. Nadie puede ponerse completamente en el lugar del otro, pero el intento —ese gesto imperfecto— es lo que nos salva de la deshumanización. La chica de Serie-B es, en el fondo, un alegato contra los discursos binarios y simplificadores, una defensa del matiz, del error y de la contradicción.

Desde el punto de vista visual, la obra refuerza esta filosofía. La estética deliberadamente imperfecta, el uso expresivo del color, la textura que remite a la risografía, el diseño que evoca las “noveluchas” de quiosco y los cómics baratos de otra época, construyen un objeto orgánico, táctil y profundamente físico. No es un libro pensado para el consumo rápido ni para la pantalla: es un artefacto que reclama tiempo, atención y complicidad.

Especial mención merece la estructura narrativa y el pacto implícito con el lector. Existe en el libro una trama secreta, un núcleo argumental que Mora ha logrado que los lectores respeten sin desvelar. No por imposición, sino por convencimiento. Este gesto habla de algo poco habitual: la confianza del autor en su público. La chica de Serie-B no se entrega del todo; exige implicación, juego, paciencia. Como el buen arte, no lo da todo mascado. El libro no se entrega entero; te pide algo a cambio. Atención, respeto, juego. Como el buen arte, confía en la inteligencia del lector.

La chica de Serie-B es una celebración del artificio, del error, del exceso y de la imaginación sin domesticar. Un monstruo pop de corazón enorme. Un libro que se ríe, que incomoda, que abraza y que, sobre todo, invita a mirar de nuevo. Porque, como demuestra Mora, solo desde la empatía y el humor es posible enfrentarse al caos sin perder la humanidad.

En conjunto, estamos ante la obra más madura, libre y consciente de Sergio Mora. Un libro que no busca agradar a todos, que no responde a modas ni a estrategias de mercado, que se permite el lujo de ser raro, excesivo, contradictorio y profundamente humano. Un libro editado sin pensar en marketing, sin miedo a no encajar, sin voluntad de agradar a todos. Un monstruo narrativo de corazón enorme, una marcianada deliciosa, un homenaje sincero a una creadora olvidada y, al mismo tiempo, un espejo deformante y profundamente humano  de nuestro presente. Un homenaje a una creadora olvidada, sí, pero también un espejo deformante de nuestro presente cultural. Un libro que se ríe, pero no se burla. Que exagera, pero no vacía. Que parece ligero, pero pesa. Como los buenos monstruos.

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martes, 10 de febrero de 2026

NOVEDAD DE FESTER: "EL QUE CAMINA A TRAVÉS DE LA FILA. LA SAGA DE LOS CHICOS DEL MAIZ"

 

El que camina detrás de la fila: La saga de los chicos del maíz 

 Manolito Motosierra 

Atrévete a adentrarte en el oscuro y aterrador mundo de Los Chicos del Maíz, una saga que ha aterrorizado y cautivado a generaciones de fans del cine de horror. Basada en la famosa novela de Stephen King, esta serie de 11 películas nos lleva al corazón de un pueblo aislado, donde un culto de niños liderados por una entidad siniestra controla la vida y la muerte.

Desde su inquietante inicio en los campos de maíz hasta sus sucesivas secuelas, la saga explora temas de fanatismo religioso, sacrificios y supervivencia. A lo largo de cada película, los personajes luchan por escapar de la aterradora influencia de los niños que siguen ciegamente las órdenes de su líder.

Con cada nueva entrega, el terror se intensifica, los mitos se expanden y los giros inesperados mantienen al espectador al borde del asiento. Esta es una saga imprescindible para los amantes del cine de terror y los seguidores de Stephen King, con una atmósfera que destila angustia y una constante sensación de fatalidad.

Prepárate para descubrir los secretos más oscuros y los horrores más aterradores, porque… Los Chicos del Maíz nunca olvidan.

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lunes, 9 de febrero de 2026

RESEÑA "CRIMEN Y FANTÁSTICO" DE CINESTESIA

 


RESEÑA "CRIMEN Y FANTÁSTICO" DE CINESTESIA 

"Crimen y Fantástico" (2021), publicado por Cinestesia y vinculado al Festival Internacional de Cine Fantástico de Elche (FANTAELX), se presenta como una obra académica de referencia que explora las complejas intersecciones entre el crimen, el misterio y lo fantástico en la literatura, el cine y otros medios contemporáneos. Este volumen, producto de un esfuerzo colectivo de diversos autores especializados, no se limita a enumerar obras o géneros, sino que se adentra en los mecanismos culturales y psicológicos que explican la fascinación humana por las transgresiones, los enigmas y lo imposible. A través de un enfoque riguroso y multidisciplinar, el libro examina cómo la ficción fantástica permite experimentar con lo prohibido y lo éticamente ambiguo, ofreciendo al lector un marco conceptual para entender por qué la narrativa criminal sigue ejerciendo un magnetismo tan potente, incluso cuando se entrelaza con elementos sobrenaturales o imposibles.

Uno de los ejes centrales de la obra es la exploración de la ambigüedad ética que subyace en las historias de crimen y terror. Los autores analizan cómo los relatos construyen una línea difusa entre el bien y el mal, la lealtad y la traición, invitando al lector a reflexionar sobre las decisiones morales de los personajes y, por extensión, sobre sus propias nociones de justicia y transgresión. 

El libro también destaca por su alcance interdisciplinar, abarcando literatura, cine, series de televisión y videojuegos, e incorporando estudios de casos sobre asesinos seriales, villanos, estados alterados de conciencia y estructuras narrativas que mezclan lo criminal con lo fantástico. A través de ejemplos clásicos y contemporáneos, los autores muestran cómo la representación del crimen en mundos fantásticos permite explorar deseos, temores y dilemas humanos universales, desde la traición en tragedias literarias hasta la fascinación por la muerte y el poder en medios interactivos.

“Crimen y Fantástico” no es solo un análisis académico, sino también un viaje reflexivo sobre la tensión entre lo real y lo irreal, un territorio donde lo familiar se transforma en inquietante y donde la narrativa obliga al lector a vacilar entre la lógica y la imaginación. El libro invita a considerar cómo la ficción criminal y fantástica sirve de espejo cultural, reflejando nuestras obsesiones, miedos y la eterna atracción por lo prohibido y lo desconocido. En definitiva, esta obra constituye una guía imprescindible para quienes buscan comprender cómo el crimen y lo fantástico convergen para ofrecer experiencias narrativas complejas, emocionantes y profundamente humanas.

El volumen reúne a investigadores que exploran cómo lo criminal y lo sobrenatural se entrelazan para producir relatos que no solo entretienen, sino que interrogan las estructuras éticas, estéticas y culturales del espectador. A partir de un amplio abanico de medios —cine, videojuegos, literatura y televisión—, el libro ofrece un análisis profundo de cómo estos códigos generan inquietud, fascinación y reflexión sobre la condición humana.

La obra inicia con un capítulo resumen titulado “Desde la mirada gorgónica: El crimen y lo fantástico”, donde los editores trazan la génesis del vínculo entre crimen y fantástico, planteando que ambos géneros comparten una raíz primordial: el miedo a lo desconocido y la curiosidad por lo inexplicable. Este capítulo establece el marco teórico que sustenta los estudios posteriores y subraya que el crimen fantástico no es solo un subgénero del terror, sino una vía de exploración de la dualidad humana entre lógica y caos.

Crimen y Fantástico se presenta como una profunda exploración del entrelazamiento entre el crimen y lo fantástico en la literatura, el cine, la televisión y los videojuegos. A través de sus 23 capítulos, el volumen ofrece un recorrido multidimensional que va desde la mitología clásica hasta los universos contemporáneos de fantasía y terror, abordando las distintas formas en que el crimen se construye, representa y experimenta en la ficción. La obra no solo examina actos delictivos concretos, sino que se adentra en los dilemas éticos, la ambigüedad moral y la fascinación humana por la transgresión, evidenciando cómo la fantasía y lo criminal se potencian mutuamente.

Uno de los ejes fundamentales del libro es la representación femenina en el slasher y el cine fantástico. Celia Cuenca García revisa la figura tradicional de la Final Girl, proponiendo nuevos modelos de mujeres-monstruo e investigadoras que rompen con los arquetipos pasivos y subyugados. En paralelo, Francisco Javier López Rodríguez analiza la figura de la mujer asesina en el slasher español, evidenciando cómo la violencia femenina se articula con tensiones culturales e históricas locales. Ambas aproximaciones permiten comprender la evolución del género y cómo los arquetipos femeninos se reinventan para expresar poder, resistencia y complejidad moral, más allá de la simple supervivencia o victimización.

El libro también examina el impacto de los videojuegos como medio de inmersión en la narrativa criminal. José Luis Maravall Llagaria analiza títulos de realidad virtual, donde la interfaz gráfica y la interacción sensorial permiten al jugador asumir el rol de investigador y vivir la trama criminal de forma subjetiva. Complementariamente, Damià Jordà Bou aborda cómo los videojuegos contemporáneos integran crímenes, drogas y estados alterados de conciencia, generando dilemas éticos y narrativos que amplían las posibilidades de exploración del crimen y de la experiencia fantástica.

En cuanto a cine y televisión, el libro recorre obras clásicas y modernas que ejemplifican la fusión entre crimen y lo sobrenatural. Se estudian películas como It Follows, donde la figura femenina transmite un mal persistente más allá de lo físico, y la trilogía de Los Ángeles de David Lynch, en la que la ciudad se convierte en un espacio fracturado y surreal. Guillermo del Toro y Dario Argento son analizados por su capacidad de utilizar lo fantástico y lo estilizado para intensificar la violencia y el misterio (El laberinto del fauno, Suspiria), mientras que series como American Horror Story: Asylum muestran cómo lo gótico puede reflejar y criticar los males de la sociedad contemporánea. Lourdes Santamaría Blasco, por su parte, destaca en Los ojos sin rostro la relación entre estética, identidad y violencia, mostrando cómo la máscara se convierte en símbolo del caos y del crimen.

La obra dedica un espacio especial al análisis de los mecanismos narrativos y estéticos en literatura y ficción histórica. Deborah Rodríguez Rodríguez examina El nombre de la rosa, mostrando cómo la lógica deductiva se cruza con lo inexplicable para construir un puente entre lo racional y lo fantástico. Miguel Ángel Albújar-Escuredo analiza la narrativa de Borges, donde crimen y victimización se configuran como continuidades existenciales, generando paradojas filosóficas sobre justicia y moralidad. Asimismo, Marisol Nava Hernández rescata relatos como La semana escarlata de Francisco Tario, donde la ficción fantástica se entrelaza con el crimen para cuestionar la percepción de la realidad y de la verdad, incorporando elementos de denuncia social y periodística.

Desde una perspectiva histórica y cultural, Mikel J. Koven estudia la influencia del giallo italiano en las producciones canadienses de los años ochenta, mientras que Anna Tarragó Mussons analiza al psychokiller en la obra de M. Night Shyamalan, destacando cómo la psicología del asesino se convierte en motor de suspenso y reflexión sobre la naturaleza humana. Estos estudios muestran cómo los factores comerciales, culturales y estéticos influyen en la construcción del crimen en la ficción, desde el terror clásico hasta la contemporaneidad postfeminista e intertextual.

La sección dedicada a cine y literatura latinoamericana contemporánea refuerza la dimensión social y política de la obra. Audrey Louyer analiza cómo el cine fantástico latinoamericano aborda crimen, trauma y sociedad desde la posmemoria, mientras que Germán Piqueras Arona examina cómo Agustí Villaronga utiliza la muerte como leitmotiv, articulando identidad, destino y contexto social. Anna Boccuti, por su parte, estudia El chico sucio de Mariana Enríquez, evidenciando cómo la violencia social y la marginalidad se convierten en catalizadores del terror contemporáneo y de lo fantástico.

Finalmente, el libro explora universos de cultura popular y ficción interactiva, como The Witcher, donde Geralt de Rivia enfrenta dilemas morales que desdibujan las fronteras entre bien y mal, humano y monstruoso, y el cine forense de misterio con La autopsia de Jane Doe, donde investigación criminal y enigma sobrenatural coexisten, mostrando cómo lo racional y lo fantástico se entrelazan en la construcción del crimen.

Crimen y Fantástico se presenta como un estudio transversal y multidisciplinar que va más allá del simple entretenimiento, invitando a reflexionar sobre la naturaleza humana, la ética, el poder, la memoria histórica y la representación cultural. La obra evidencia cómo el crimen, tanto real como imaginado, se convierte en un terreno fértil para explorar los límites de la moralidad y la fantasía, ofreciendo una mirada crítica y fascinante sobre la oscuridad inherente al ser humano, siempre bajo la simbólica vigilancia de la Gorgona: figura de resistencia, injusticia y fascinación que atraviesa la cultura visual y literaria occidental.

Al mismo tiempo, la obra destaca por su ambición y rigor, al cruzar épocas, géneros y formatos para mostrar cómo lo criminal y lo fantástico se entrelazan en distintas manifestaciones culturales. Desde la literatura y el cine hasta los videojuegos y la televisión, Crimen y Fantástico ofrece un panorama profundo que desafía la percepción, cuestiona la moral y revela la fascinación humana por lo oscuro e inexplicable. Es un texto indispensable para quienes estudian narrativa criminal, cine fantástico, literatura contemporánea o videojuegos, así como para cualquier lector interesado en comprender cómo cultura, miedo y transgresión convergen en la ficción.

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domingo, 8 de febrero de 2026

RESEÑA DE "MASS-MEDIA-MEDIEVO. VIDEOJUEGOS, CINE Y TECNOLOGIZACIÓN DEL ARTE MEDIEVAL" DEL SERVICIO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓN

                      

    

La obra estructura su contenido en tres ejes principales, interrelacionados y complementarios. En primer lugar, los estudios sobre herramientas digitales aplicadas a la investigación y docencia medieval muestran cómo la tecnología permite superar las limitaciones del objeto físico y facilita tanto la comprensión académica como la divulgación. Pablo Aparicio Resco, junto con Fernando Gutiérrez Baños y Francisco M. Morillo Rodríguez, ilustran la utilidad de la arqueología virtual y la restitución digital, con casos como la basílica constantiniana de San Pedro en Roma y los retablos-tabernáculo, cuyos resultados evidencian la precisión científica que ofrecen estas metodologías. Enrique Martínez Lombó, por su parte, analiza la transformación digital de los museos, mostrando cómo los recursos digitales funcionan como instrumentos de mediación educativa sin reemplazar la experiencia crítica tradicional.

El segundo eje se centra en la incidencia de los estilos medievales como escenografía en la cultura audiovisual contemporánea. Carlota Martínez Núñez examina la fantasía neogótica en el cine de Harry Potter, mientras Javier Castiñeiras López analiza la reinterpretación de estos estilos en los videojuegos de Hidetaka Miyazaki, destacando su capacidad para generar paisajes monumentales del pasado con precisión visual. José Alberto Moráis Morán, por su parte, aborda el uso del románico como escenario cinematográfico, desde El nombre de la Rosa hasta producciones locales en Orense y Santiago de Compostela, mostrando cómo la reconstrucción histórica permite crear escenografías verosímiles y evocadoras que enriquecen la narrativa audiovisual.

El tercer eje aborda la recepción de la Edad Media en el imaginario colectivo actual, explorando estereotipos, memoria histórica y mediación cultural. Óscar Perea analiza la poesía de protesta castellana medieval y su reflejo en cine y series como Monty Python y Juego de Tronos, mientras Paulino César Pardo Prieto reconstruye la mediática figura de Juana de Arco, mostrando cómo los mass-media configuran la percepción histórica de personajes legendarios. Patricia Cupeiro López cierra este bloque con un análisis del turismo cultural y la espectacularización de los destinos históricos, evidenciando cómo fantasía, leyenda y redes digitales consolidan imaginarios medievales que combinan ocio y educación.

En conjunto, Mass-Media-Medievo demuestra el potencial de la universidad para promover investigaciones interdisciplinarias que integran humanidades, arte, medios digitales y cultura popular. La obra confirma que los estudios medievales pueden ser rigurosos e innovadores, generando conocimiento accesible y atractivo tanto para académicos como para el público general. Asimismo, reafirma la posición del Servicio de Publicaciones de la Universidad de León como referente editorial, ofreciendo trabajos que sorprenden por su calidad y capacidad para abrir nuevas líneas de investigación.

El libro ofrece un recorrido detallado que conecta investigación, docencia y divulgación, mostrando cómo la tecnología, el cine, los videojuegos y la cultura visual contemporánea transforman la manera de estudiar, interpretar y difundir la historia medieval. Desde reconstrucciones virtuales hasta reinterpretaciones estéticas en medios masivos, la obra evidencia la riqueza de un enfoque multidimensional que combina precisión académica, creatividad y reflexión crítica.

La obra subraya cómo la combinación de enfoques tradicionales y métodos innovadores permite abordar la Edad Media desde perspectivas renovadas, integrando tanto el rigor académico como la creatividad en la interpretación de sus manifestaciones culturales. Los trabajos incluidos destacan la importancia de los videojuegos, el cine, las series de televisión y las herramientas digitales para acercarse al patrimonio medieval, recuperando y difundiendo sus textos, obras artísticas y producciones literarias de manera accesible y atractiva para distintos públicos. Esta conjunción de tecnología y humanidades convierte a Mass-Media-Medievo en un ejemplo de cómo la investigación universitaria puede generar nuevas vías para la docencia, la divulgación y la preservación del legado histórico.

Mass-Media-Medievo se presenta, en definitiva, como una lectura imprescindible para quienes desean comprender cómo la Edad Media se proyecta en la cultura contemporánea, cómo los medios digitales amplifican su estudio y difusión, y cómo la universidad puede liderar proyectos de investigación que unen tradición, innovación y excelencia académica.

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sábado, 7 de febrero de 2026

RESEÑA DE "ALUCINE:MAGIA, ILUSIONISMO Y CINE" DE CINESTESIA

 


RESEÑA DE "ALUCINE:MAGIA, ILUSIONISMO Y CINE" DE CINESTESIA

   Alucine. Magia, ilusionismo y cine   , de Miguel Herrero Herrero, se erige como una obra fundamental y poco común dentro del panorama bibliográfico español dedicado al estudio del cine. Su principal aportación reside en abordar, de forma rigurosa y exhaustiva, un territorio escasamente transitado: la   relación profunda y estructural entre la magia, el ilusionismo y el nacimiento del cine  . En un contexto editorial donde abundan los estudios históricos y teóricos sobre el séptimo arte, pero son muy escasos los trabajos que analizan su vínculo directo con las artes mágicas,  Alucine  destaca como una investigación pionera y necesaria.

El libro es, ante todo, un   ensayo de investigación histórica  , cuyo objetivo explícito es   rescatar del olvido y reivindicar a los precursores del cine  , muchos de los cuales procedían directamente del mundo del ilusionismo. Figuras como   Georges Méliès  , paradigma del mago convertido en cineasta, son el ejemplo más conocido de un fenómeno mucho más amplio que el autor documenta con minuciosidad: la transición de magos, prestidigitadores y showmen hacia el nuevo medio cinematográfico, al descubrir en él una prolongación natural de sus trucos escénicos.

Uno de los grandes aciertos del libro es su atención a los   artefactos ópticos y dispositivos precinematográficos  . Herrero Herrero analiza con detalle instrumentos como la   linterna mágica  , los proyectores primitivos, autómatas y otros objetos habituales en los gabinetes de curiosidades, concebidos no solo para entretener, sino también para divulgar conocimiento y experimentar con la percepción visual. Estos artilugios, utilizados durante siglos para crear la ilusión de movimiento, se presentan como auténticos antecedentes técnicos y conceptuales del cine, subrayando la continuidad histórica entre ciencia, espectáculo y magia.

El recorrido del libro se adentra también en los   territorios más oscuros y fascinantes del imaginario mágico  , desde las prácticas de nigromancia hasta los espectáculos de fantasmagorías de figuras como   Philidor y Robertson  , donde la ilusión visual se mezclaba con el terror y lo sobrenatural. Estas experiencias no solo anticiparon recursos narrativos y visuales del cine de trucos, sino que modelaron la relación del público con la imagen proyectada como fenómeno casi sobrenatural.

Los numerosos temas que se tratan en la obra dan cuenta de la ambición del proyecto. En el   primer gran bloque  , dedicado al nacimiento del cine, se analizan figuras clave como   Robert-Houdin  , considerado el padre de la magia moderna;   Thomas Edison  , “el mago de Menlo Park”; los   hermanos Lumière   y, de manera central,   Georges Méliès  , presentado no solo como cineasta, sino como heredero directo de una tradición mágica escénica. El libro recupera además nombres hoy poco conocidos pero decisivos, como   Segundo de Chomón  , reivindicado como el “Méliès español”, o   Walter R. Booth  ,   George Albert Smith  ,   Blackton   y   Booth  , pioneros del trucaje y los efectos visuales.

Especial interés reviste el capítulo dedicado a espacios emblemáticos como el   Egyptian Hall   y a sagas familiares como los   Maskelyne  , así como la atención a magos itinerantes, transformistas y técnicos que contribuyeron al desarrollo de los primeros efectos especiales. Este análisis culmina en un interludio que conecta directamente la   magia escénica con los efectos cinematográficos  , demostrando que los trucos de cámara no son sino una evolución de técnicas ilusorias previas.

En el   segundo gran acto  , el libro se centra en los   magos cineastas y actores  , con especial atención a   Houdini  , figura clave tanto por su dominio del escapismo como por su habilidad para el marketing y la construcción del mito mediático. Asimismo, se explora la relación del ilusionismo con cineastas como   Orson Welles   —cuya obra y personalidad están atravesadas por el engaño, la manipulación y el artificio— y   Woody Allen  , para quien la magia funciona como metáfora narrativa y existencial.

El volumen culmina con un   extenso y valioso catálogo de películas sobre magia e ilusionismo  , que constituye por sí mismo una herramienta de referencia para investigadores y cinéfilos. Desde títulos del cine mudo como  Sanz y el secreto de su arte  desconocido docudrama de 1918 o  Häxan , pasando por clásicos como  El callejón de las almas perdidas ,  Fraude  o  El golpe , hasta obras contemporáneas como  El truco final ,  La invención de Hugo  o  El Ilusionista, el libro ofrece una panorámica histórica y temática sin precedentes en lengua española.

El epílogo, dedicado al   cine y la magia en el siglo XXI  , y el apartado final sobre   la colección y el espectáculo personal del autor  , refuerzan el carácter singular de la obra, que combina investigación académica, pasión coleccionista y divulgación cultural.

En conjunto,    Alucine. Magia, ilusionismo y cine    se consolida como una   obra de referencia imprescindible  , tanto por la profundidad de su investigación como por la originalidad de su enfoque. En un panorama bibliográfico donde apenas existen estudios dedicados de forma específica a la intersección entre magia y cine, el libro de Miguel Herrero Herrero llena un vacío fundamental y abre nuevas vías de análisis para comprender el origen del lenguaje cinematográfico. Es, al mismo tiempo, un libro para investigadores, historiadores del cine, magos, coleccionistas y lectores interesados en los cruces entre tecnología, espectáculo y cultura visual, confirmando que el cine nació, en gran medida, del arte ancestral de la ilusión.

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viernes, 6 de febrero de 2026

RESEÑA DE "TERROR RURAL Y PAGANISMO (EL OCULTISMO EN EL CINE VOL.2 ) DE DILATANDO MENTES EDITORIAL

 




RESEÑA DE "TERROR RURAL Y PAGANISMO (EL OCULTISMO EN EL CINE VOL.2 ) DE DILATANDO MENTES EDITORIAL

Terror rural y paganismo constituye una aportación excepcional dentro de los estudios sobre cine de terror y ocultismo, al centrar su atención en ese terreno intermedio donde lo ancestral, lo rural y lo pagano se entrelazan para conformar algunas de las manifestaciones más inquietantes del horror audiovisual. Como segundo volumen de la colección El ocultismo en el cine, la obra traslada al lector más allá de la simple enumeración de títulos para adentrarse en un análisis profundo de cómo el horror rural y las prácticas paganas han funcionado históricamente como motores estéticos, simbólicos y culturales del miedo en la pantalla.

Una de las claves del volumen es su firme compromiso con las raíces culturales del folk horror, un subgénero que cobra fuerza a partir de las décadas de 1960 y 1970 y que ha sido objeto de un creciente interés crítico en los estudios anglosajones y europeos en los últimos años. Este volumen, que ya alcanza su cuarta edición, ha sido coordinado por Javier J. Valencia. Participan como autores Dani Morell, Javier J. Valencia, José Ángel de Dios, Óscar Sueiro, Víctor Castillo y Xavi Torrents. El libro destaca cómo esta modalidad de terror se estructura en torno a tensiones persistentes: la ruralidad frente a la modernidad, el retorno de lo antiguo frente al discurso del progreso, y la irrupción de mitos, dioses olvidados o rituales suspendidos que alteran la aparente normalidad de la vida cotidiana.

Terror rural y paganismo pone en relieve la capacidad del folk horror para canalizar ansiedades propias del siglo XXI —crisis climática, pandemias, política identitaria o transformaciones sociales—, demostrando que el terror rural no es una reliquia del pasado, sino una forma viva y adaptable. El libro recoge esta perspectiva al analizar cómo las figuras de dioses arcaicos, comunidades cerradas o rituales paganos siguen resultando perturbadoras no solo por su violencia narrativa, sino porque reflejan conflictos culturales persistentes relacionados con la exclusión, la dominación, la nostalgia o la resistencia.

El volumen recorre títulos fundamentales de la cinematografía folk horror como The Wicker Man (1973), paradigma de la tensión entre comunidad rural, rito y sacrificio pagano, pero también abre el foco hacia producciones más recientes y geográficamente diversas que demuestran la capacidad del subgénero para adaptarse a distintos contextos nacionales. La obra editada por Dilatando Mentes explora este linaje atendiendo tanto a los elementos narrativos y rituales del género como a sus implicaciones éticas y simbólicas: el conflicto entre individuo y colectividad, la oposición entre naturaleza y civilización o la persistencia de una memoria ancestral que desafía los relatos oficiales de la historia.

Especial relevancia adquiere la atención que el libro presta a la ruralidad entendida no solo como escenario físico, sino como depósito de creencias, oficios, costumbres y saberes prerracionales. Desde una perspectiva cercana a la antropología del folklore, el horror rural se concibe aquí como expresión de miedos culturales estructurales: la sombra del pasado que se rebela contra la lógica del progreso, la subversión de los códigos sociales dominantes y la emergencia de tensiones que la civilización pretende ocultar bajo la superficie del paisaje.

El tratamiento del paganismo se caracteriza igualmente por su complejidad. Lejos de idealizar las religiosidades precristianas o reducirlas a una fantasía exótica, el libro analiza cómo las representaciones paganas en el cine funcionan como símbolos de ambivalencia moral, resistencia cultural y retorno de lo reprimido. Esta lectura conecta con enfoques internacionales que interpretan el culto, la superstición y el ritual como dispositivos narrativos capaces de vehicular conflictos contemporáneos —tradición frente a tecnología, comunidad frente a individualismo, lo sagrado frente a lo profano— sin caer en simplificaciones ni estereotipos.

En este sentido, Terror rural y paganismo no solo dialoga con la bibliografía especializada de Reino Unido, Estados Unidos y Europa, sino que contribuye a ampliar la comprensión del folk horror desde una perspectiva hispánica, integrando debates teóricos y culturales de alcance internacional. El resultado es una obra que trasciende la mera historia del cine para proponer una reflexión sobre la persistencia del terror rural como espejo de ansiedades colectivas profundas.

En la primera parte del volumen se adentra de forma más directa en la definición y evolución histórica del folk horror. Definir con precisión qué es este subgénero ha sido siempre una tarea esquiva ya que el folk horror se caracteriza por su cualidad mutable. El término, popularizado a partir de una entrevista de Piers Haggard en 2003 y consolidado por Jonathan Rigby y Mark Gatiss en A History of Horror, cristalizó inicialmente en torno a la llamada “trinidad profana” formada por Witchfinder General, The Blood on Satan’s Claw y The Wicker Man. Sin embargo, el libro a través de los títulos presentados descubrimos que esta definición, centrada exclusivamente en el cine británico de un periodo concreto, resulta insuficiente.

El análisis se amplía así hacia una concepción del folk horror como fenómeno transnacional y atemporal, moldeado por cada cultura a partir de sus propios mitos, paisajes y tradiciones. Desde precedentes tempranos como La noche del Demonio (1957) , pasando por ejemplos estadounidenses, japoneses o hispanos, hasta llegar a relecturas contemporáneas, el volumen demuestra que el subgénero no está ligado a una única geografía ni a una época cerrada, aunque el sentido del lugar siga siendo un elemento fundamental.

Este recorrido histórico se articula por décadas, desde los orígenes del folk horror cinematográfico moderno en los años cincuenta , pasando por la consolidación del subgénero en los sesenta y setenta, hasta llegar a sus reformulaciones en el siglo XXI. Películas como Midsommar de Ari Aster en 2019 evidencian cómo el folk horror continúa reinventándose, dialogando con el cine de autor, la sátira o el cuento popular sin perder su núcleo inquietante.

A lo largo de este amplio trayecto, Terror rural y paganismo analiza cerca de cincuenta títulos representativos, organizados cronológicamente y contextualizados desde una perspectiva crítica sólida. El resultado es un mapa coherente del terror rural como espacio simbólico donde lo ancestral, lo comunitario y lo pagano siguen operando como fuerzas perturbadoras del imaginario cinematográfico. Una obra imprescindible tanto para investigadores como para lectores interesados en comprender por qué, bajo la aparente quietud del campo y las tradiciones, continúan latiendo algunos de los miedos más profundos del cine de terror.

A lo largo de este recorrido, Terror rural y paganismo no se limita a unos pocos ejemplos canónicos, sino que analiza medio centenar de películas representativas del folk horror, organizados por décadas, trazando una genealogía amplia del subgénero. Desde los primeros filmes que vinculaban creencia y paisaje hasta las reinterpretaciones contemporáneas que dialogan con el cine de autor y el terror independiente, el libro construye un mapa coherente del terror rural como espacio donde lo ancestral, lo comunitario y lo pagano siguen operando como fuerzas perturbadoras en el imaginario cinematográfico.

El libro ofrece un   detallado recorrido organizadas en   capítulos temáticos claramente diferenciados  , precedidos siempre por   introducciones contextuales   que preparan al lector antes de cada relación de títulos. Sorprende, en primer lugar,   la amplitud y ambición del corpus analizado  , no solo por el elevado número de filmes recogidos, sino porque, junto a los títulos canónicos del folk horror británico, el volumen   rescata obras poco conocidas e incluso prácticamente ignotas  , procedentes de   latitudes lejanas  , evitando una mirada reducida exclusivamente a los ejemplos ingleses más citados. El primer bloque fija el   núcleo conceptual del folk horror  , sus constantes y su contexto: la comunidad cerrada como espacio de amenaza, aldeas y microcosmos rurales que funcionan como   sistemas morales alternativos  , regidos por rituales, supersticiones y pactos ancestrales, donde se consolidan los arquetipos fundacionales del subgénero —el forastero incrédulo, la aldea hostil, el culto secreto y una amenaza que muchas veces permanece fuera de campo—. En el capítulo   La senda hacia la villa  , centrado en títulos de las décadas de 1950 y 1960 como  Night of the Demon ,  El hotel del horror ,  Las brujas  o  El signo del diablo , se traza el camino hacia la comunidad como viaje iniciático.   El faro que nos ilumina   articula la tríada canónica del folk horror británico — Witchfinder General ,  La garra de Satán  y  The Wicker Man —, donde paganismo, represión sexual, violencia institucional y paisaje se funden en una lectura profundamente política del terror. Con   El cuento alrededor de la hoguera  , el libro se sumerge en la televisión británica de los años setenta, reivindicando su papel clave en el desarrollo del terror rural gracias a su capacidad para ensayar formas narrativas más arriesgadas, convirtiendo el paisaje en archivo histórico y la pequeña pantalla en un vehículo para un horror cotidiano, lento y atmosférico.   Difundiendo la palabra   amplía el mapa más allá del Reino Unido y demuestra el carácter transnacional del subgénero, recorriendo especialmente títulos estadounidenses y de otros países, donde España dialoga con Europa a través de la denuncia social, la represión franquista y el folklore criminal. En   El castigo divino  , centrado en estrenos cinematográficos, se analiza la religión como instrumento de violencia, control y sacrificio, entendiendo el castigo no solo como fenómeno sobrenatural, sino como imposición moral y comunitaria, reforzando la idea del folk horror como cine político.   La fábula embrujada   explora películas que adaptan narraciones populares, cuentos oscuros y relatos folklóricos, donde lo fantástico se funde con lo poético y el mito funciona como estructura de resistencia cultural. Finalmente,   Los herederos del mañana   aborda el renacimiento contemporáneo del folk horror con títulos como  Kill List ,  Jug Face ,  The Witch ,  El apóstol  o  Midsommar , mostrando un subgénero consciente de su legado y plenamente conectado con las ansiedades del presente.

Es una lástima que Dilatando Mentes no haya dado continuidad a esta colección dedicada al análisis del ocultismo en el cine, especialmente si se tiene en cuenta la solidez y coherencia de sus planteamientos. Con un primer volumen centrado en el vudú, seguido por Terror rural y paganismo y un tercer libro dedicado a Lucifer, el pacto fáustico y la posesión demoníaca, la serie queda reducida a apenas tres entregas dentro de una producción ensayística cada vez más abundante y diversa. Esta brevedad contrasta con la amplitud de temas, enfoques y tradiciones cinematográficas que el terror, lo esotérico y lo sobrenatural ofrecen para un estudio riguroso y transversal.

En un contexto editorial en el que proliferan los ensayos sobre cine desde perspectivas históricas, políticas y culturales, resulta especialmente valioso contar con colecciones que apuesten por el análisis profundo de lo simbólico, lo ritual y lo oculto como ejes fundamentales del imaginario audiovisual. La decisión de no dar continuidad a esta línea, en detrimento de los libros de ficción que la editorial ha publicado hasta ahora, deja la sensación de un proyecto interrumpido, justo cuando aún quedaban vastos territorios por explorar: desde la brujería y el chamanismo hasta el espiritismo, la magia ceremonial y las nuevas religiosidades contemporáneas que el cine apenas ha comenzado a retratar.

Desde aquí queremos expresar un apoyo explícito a Dilatando Mentes para que retome esta senda y ofrezca nuevas entregas de unos estudios que han demostrado ser rigurosos, accesibles y altamente recomendables. La continuidad de esta colección no solo enriquecería el catálogo de la editorial, sino que contribuiría de forma significativa al debate crítico sobre el cine de terror y sus vínculos con las creencias, los miedos y los imaginarios colectivos que siguen fascinando —y perturbando— al espectador contemporáneo.

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