Reseña de Vampiras. Horror y erótica en un mito milenario
Juan Antonio Sanz (Arcopress / Almuzara, 2025)
Vampiras. Horror y erótica en un mito milenario es una investigación profunda y documentada que invita a explorar el mito del vampirismo desde una perspectiva históricamente femenina, antropológica, literaria y folclórica. El periodista y escritor Juan Antonio Sanz, conocido por su trayectoria como corresponsal internacional y explorador de enigmas culturales, retoma el tema tras Vampiros, príncipes del abismo (2020), en el que rastreó las huellas del vampirismo en múltiples geografías. En Vampiras, sin embargo, el foco cambia: el fenómeno vampírico, tan difundido en la imaginación popular, tiene un origen primordialmente femenino en términos mitológicos, culturales y antropológicos.
El libro combina notas de viajes, evidencia folclórica, análisis literario y reflexiones personales. Sanz recurre tanto a sus cuadernos de campo como a nuevas exploraciones en los montes Tatras y los Cárpatos eslovacos, hasta Pekín, donde recopila historias del vampirismo chino. Esta inmersión internacional permite trascender la visión occidental habitual y revelar cómo figuras femeninas vinculadas a la sangre, la magia y la seducción protagonizan relatos mucho más antiguos y ricos de lo que la cultura popular recuerda.
La narrativa se nutre de anécdotas, análisis literario e interpretación antropológica. Sanz recorre tradiciones y textos que han modelado el imaginario vampírico, desde divinidades vengativas de Mesopotamia o Egipto, como Lilith o Sekhmet, hasta empusas griegas o nügui chinas. Su aproximación articula estos elementos con la literatura de horror decimonónica y moderna —como Drácula (1897) de Bram Stoker o Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu— que incorporaron ecos de tradiciones orales y mitológicas.
Una de las aportaciones más destacadas del libro es cómo la vampira se presenta no solo como un ser de horror, sino como un símbolo que desafía estructuras sociales, culturales y de género. Sanz argumenta que estas figuras femeninas, dominadoras de la magia negra o la seducción mortal, rompieron paradigmas patriarcales al ocupar un rol central en la narrativa del miedo y el deseo, especialmente en sociedades jerárquicas como la Inglaterra victoriana.
El autor dedica secciones importantes a personajes históricos que trascienden el mito, como Erzsébet Báthory, la condesa húngara asociada a un holocausto sangriento. Sanz aborda su figura con rigor, vinculando la sed de sangre con la búsqueda de poder y la transgresión ética, mostrando cómo la línea entre leyenda y realidad puede ser difusa.
A lo largo de la obra, el autor profundiza en la relación entre sangre, magia y poder esotérico, explorando cómo en diversas tradiciones la alquimia de la sangre se asocia con trascendencia o inmortalidad, siempre desde una perspectiva crítica: la eternidad implica la transgresión de normas morales y la corrupción. Como señala Sanz, en estas narrativas no existen vampiros bondadosos; la inmortalidad se convierte en símbolo de decadencia y perversión.
Vampiras mantiene un fuerte componente divulgativo. Sanz busca que el lector explore y comprenda la influencia de la vampira en la cultura global —desde el folclore hasta la literatura de horror— y utilice el libro como una guía de viaje cultural por lugares asociados a estas leyendas. Sus experiencias personales y encuentros con especialistas enriquecen el relato, conectando tradición oral y académica.
El libro también reflexiona sobre la dualidad entre lo oscuro y lo sagrado, mostrando cómo muchos relatos funden magia negra con conceptos de trascendencia, demonizando a la vampira como semidiosa de maldad suprema. Así, Vampiras no es solo un estudio sobre criaturas de la noche, sino una obra que interroga la condición humana, el deseo, el poder y la frontera entre mito y realidad.
Sanz traza un mapa mitológico y antropológico en el que aparecen lamias, empusas, estriges y otras entidades del folclore grecorromano y oriental, siempre asociadas a la sangre como sustancia vital y mágica. La evolución de estas figuras desde monstruos explícitos hasta mujeres seductoras destaca la función de la belleza como instrumento de caza. Frente al vampiro masculino, cuya aura aristocrática surge en el romanticismo, la vampira domina desde el inicio la atracción, el deseo y la transgresión.
El libro vincula el vampirismo femenino con persecuciones históricas: durante la Edad Media y Moderna, muchas mujeres acusadas de brujería fueron señaladas como ladronas de niños o bebedoras de sangre, reflejando cómo la sociedad necesitaba culpables ante epidemias y muertes colectivas.
El recorrido culmina en el siglo XIX, considerada la edad dorada de la vampira literaria. Obras como Carmilla consolidan a la vampira como ser erótico, perturbador y transgresor. Pese al triunfo posterior del vampiro masculino tras Drácula, la figura femenina permanece como amenaza compleja y subversiva.
Sanz presta atención especial a las vampiras humanas, como Erzsébet Báthory, contextualizando su crueldad en un marco europeo obsesionado con ocultismo, alquimia y poder. La condesa se convierte en ejemplo extremo de cómo el mito vampírico puede encarnarse en la realidad, sin elementos sobrenaturales. Su figura se analiza como nodo donde confluyen poder, violencia, superstición y propaganda, mostrando cómo la historiografía ha amplificado y manipulado su imagen.
El mito de la vampira, según Sanz, no es relicto del pasado, sino organismo vivo que se adapta, muta y persiste en arte, literatura, psicología y cultura popular. La vampira funciona como espejo simbólico de temores colectivos: miedo a la autonomía femenina, a la sexualidad no normativa y a la pérdida de control. El libro ofrece así una lectura crítica, mostrando cómo la construcción del mito refleja dinámicas históricas de poder y género.
Finalmente, Vampiras. Horror y erótica en un mito milenario ilumina un aspecto poco explorado del vampirismo: su origen femenino, su complejidad cultural y su impacto simbólico en la historia del horror y la literatura. Con rigor histórico, narrativa envolvente y análisis crítico, Sanz ofrece una obra que se erige como referencia esencial sobre el vampirismo y su presencia duradera en la cultura global.
En Vampiras, Juan Antonio Sanz propone un viaje exhaustivo y fascinante a través de la historia, el mito y la literatura, explorando la mujer vampiro desde sus orígenes hasta su proyección en la cultura moderna. La obra se abre con una introducción que sitúa al lector en la génesis del mito, donde lo femenino aparece como núcleo del vampirismo, desde las primeras evidencias en relatos chamánicos hasta las manifestaciones de las vampiras como transpasadoras de mundos. Siguiendo esta línea, Sanz rastrea a las vampiras en la Madre Rusia, desde Siberia, cuna del vampirismo, hasta su papel como libadoras de sangre, devoradoras de niños y madres de vampiros, destacando cómo estas figuras actúan como mediadoras entre lo humano y lo sobrenatural. La narrativa continúa explorando a las grandes divinidades femeninas asociadas a la violencia y la sangre, como Sekhmet, “la que camina entre los hombres y bebe su sangre”, y otras vampiras rebeldes presentes en los textos sagrados hebreos, donde la tradición y la demonización se entrelazan.
Sanz despliega luego un amplio panorama mediterráneo, con lamias y empusas griegas y romanas, y se adentra en Qandisha y las vampiras del norte de África, para después viajar por la tradición celta, desde Irlanda hasta el norte de España, explorando figuras como la Mairbh y la Baobhan Sith. Cada aparición de estas entidades femeninas subraya la persistencia del arquetipo de la vampira como figura seductora, peligrosa y transgresora. El libro dedica también capítulos al papel de las vampiras en los aquelarres europeos, en el contexto del Malleus Maleficarum, los autos de fe y la caza de brujas en el norte de Europa y en ciudades como Madrid, mostrando cómo la construcción histórica del miedo femenino se vinculó con la sangre, la superstición y la persecución social.
La obra avanza hacia las vampiras ancestrales, explorando los vrykolakas de las ínsulas griegas y el trabajo pionero del abad Calmet, considerado el padre de la upirología, así como los exhumadores que documentaron fenómenos supuestamente vampíricos. Sanz recorre luego América y Canarias, donde las brujas vampiras de los Andes, la vampira de Tahari, las Tlahuelpés y las vampiras danzantes de Tenerife muestran la extensión global del mito y su adaptación a contextos culturales diversos. En Asia, se analiza el territorio Yurei de China y Japón, con entidades femeninas que oscilan entre zombis rígidos, bellas de rojo chillón y las zorras de nueve colas, mostrando la universalidad del arquetipo femenino vinculado a la sangre, el deseo y la muerte.
El recorrido literario es igualmente minucioso: Sanz examina cómo autores como Hoffmann, Gautier y Edgar Allan Poe construyeron vampiras como femme fatales, pasando por las vampiras decimonónicas que anticipan la sombra femenina en la literatura gótica y romántica. Se aborda la influencia de estas figuras en la consolidación de la vampira moderna y en la construcción de iconos culturales, hasta las “novias de Drácula” y las plagas de vampiras en Estados Unidos, con casos célebres como Mercy Brown en Rhode Island y otros fenómenos documentados por detectives como George Stetson.
Finalmente, el libro examina el espectro vampírico histórico, centrándose en Erzsébet Báthory y otras asesinas que encarnan la violencia, la obsesión con la sangre y la transgresión ética, así como en Delphine LaLaurie en Nueva Orleans. Sanz concluye con un epílogo provocador, “Drácula fue mujer”, que invita a reinterpretar el mito clásico desde la perspectiva femenina, mostrando que, más allá de colmillos y sangre, la vampira sigue viva como símbolo de poder, deseo, transgresión y autonomía, reflejando los miedos y fascinaciones que atraviesan culturas y siglos.















