RESEÑA DE "TERROR RURAL Y PAGANISMO (EL OCULTISMO EN EL CINE VOL.2 ) DE DILATANDO MENTES EDITORIAL
Terror rural y paganismo constituye una aportación excepcional dentro de los estudios sobre cine de terror y ocultismo, al centrar su atención en ese terreno intermedio donde lo ancestral, lo rural y lo pagano se entrelazan para conformar algunas de las manifestaciones más inquietantes del horror audiovisual. Como segundo volumen de la colección El ocultismo en el cine, la obra traslada al lector más allá de la simple enumeración de títulos para adentrarse en un análisis profundo de cómo el horror rural y las prácticas paganas han funcionado históricamente como motores estéticos, simbólicos y culturales del miedo en la pantalla.
Una de las claves del volumen es su firme compromiso con las raíces culturales del folk horror, un subgénero que cobra fuerza a partir de las décadas de 1960 y 1970 y que ha sido objeto de un creciente interés crítico en los estudios anglosajones y europeos en los últimos años. Este volumen, que ya alcanza su cuarta edición, ha sido coordinado por Javier J. Valencia. Participan como autores Dani Morell, Javier J. Valencia, José Ángel de Dios, Óscar Sueiro, Víctor Castillo y Xavi Torrents. El libro destaca cómo esta modalidad de terror se estructura en torno a tensiones persistentes: la ruralidad frente a la modernidad, el retorno de lo antiguo frente al discurso del progreso, y la irrupción de mitos, dioses olvidados o rituales suspendidos que alteran la aparente normalidad de la vida cotidiana.
Terror rural y paganismo pone en relieve la capacidad del folk horror para canalizar ansiedades propias del siglo XXI —crisis climática, pandemias, política identitaria o transformaciones sociales—, demostrando que el terror rural no es una reliquia del pasado, sino una forma viva y adaptable. El libro recoge esta perspectiva al analizar cómo las figuras de dioses arcaicos, comunidades cerradas o rituales paganos siguen resultando perturbadoras no solo por su violencia narrativa, sino porque reflejan conflictos culturales persistentes relacionados con la exclusión, la dominación, la nostalgia o la resistencia.
El volumen recorre títulos fundamentales de la cinematografía folk horror como The Wicker Man (1973), paradigma de la tensión entre comunidad rural, rito y sacrificio pagano, pero también abre el foco hacia producciones más recientes y geográficamente diversas que demuestran la capacidad del subgénero para adaptarse a distintos contextos nacionales. La obra editada por Dilatando Mentes explora este linaje atendiendo tanto a los elementos narrativos y rituales del género como a sus implicaciones éticas y simbólicas: el conflicto entre individuo y colectividad, la oposición entre naturaleza y civilización o la persistencia de una memoria ancestral que desafía los relatos oficiales de la historia.
Especial relevancia adquiere la atención que el libro presta a la ruralidad entendida no solo como escenario físico, sino como depósito de creencias, oficios, costumbres y saberes prerracionales. Desde una perspectiva cercana a la antropología del folklore, el horror rural se concibe aquí como expresión de miedos culturales estructurales: la sombra del pasado que se rebela contra la lógica del progreso, la subversión de los códigos sociales dominantes y la emergencia de tensiones que la civilización pretende ocultar bajo la superficie del paisaje.
El tratamiento del paganismo se caracteriza igualmente por su complejidad. Lejos de idealizar las religiosidades precristianas o reducirlas a una fantasía exótica, el libro analiza cómo las representaciones paganas en el cine funcionan como símbolos de ambivalencia moral, resistencia cultural y retorno de lo reprimido. Esta lectura conecta con enfoques internacionales que interpretan el culto, la superstición y el ritual como dispositivos narrativos capaces de vehicular conflictos contemporáneos —tradición frente a tecnología, comunidad frente a individualismo, lo sagrado frente a lo profano— sin caer en simplificaciones ni estereotipos.
En este sentido, Terror rural y paganismo no solo dialoga con la bibliografía especializada de Reino Unido, Estados Unidos y Europa, sino que contribuye a ampliar la comprensión del folk horror desde una perspectiva hispánica, integrando debates teóricos y culturales de alcance internacional. El resultado es una obra que trasciende la mera historia del cine para proponer una reflexión sobre la persistencia del terror rural como espejo de ansiedades colectivas profundas.
En la primera parte del volumen se adentra de forma más directa en la definición y evolución histórica del folk horror. Definir con precisión qué es este subgénero ha sido siempre una tarea esquiva ya que el folk horror se caracteriza por su cualidad mutable. El término, popularizado a partir de una entrevista de Piers Haggard en 2003 y consolidado por Jonathan Rigby y Mark Gatiss en A History of Horror, cristalizó inicialmente en torno a la llamada “trinidad profana” formada por Witchfinder General, The Blood on Satan’s Claw y The Wicker Man. Sin embargo, el libro a través de los títulos presentados descubrimos que esta definición, centrada exclusivamente en el cine británico de un periodo concreto, resulta insuficiente.
El análisis se amplía así hacia una concepción del folk horror como fenómeno transnacional y atemporal, moldeado por cada cultura a partir de sus propios mitos, paisajes y tradiciones. Desde precedentes tempranos como La noche del Demonio (1957) , pasando por ejemplos estadounidenses, japoneses o hispanos, hasta llegar a relecturas contemporáneas, el volumen demuestra que el subgénero no está ligado a una única geografía ni a una época cerrada, aunque el sentido del lugar siga siendo un elemento fundamental.
Este recorrido histórico se articula por décadas, desde los orígenes del folk horror cinematográfico moderno en los años cincuenta , pasando por la consolidación del subgénero en los sesenta y setenta, hasta llegar a sus reformulaciones en el siglo XXI. Películas como Midsommar de Ari Aster en 2019 evidencian cómo el folk horror continúa reinventándose, dialogando con el cine de autor, la sátira o el cuento popular sin perder su núcleo inquietante.
A lo largo de este amplio trayecto, Terror rural y paganismo analiza cerca de cincuenta títulos representativos, organizados cronológicamente y contextualizados desde una perspectiva crítica sólida. El resultado es un mapa coherente del terror rural como espacio simbólico donde lo ancestral, lo comunitario y lo pagano siguen operando como fuerzas perturbadoras del imaginario cinematográfico. Una obra imprescindible tanto para investigadores como para lectores interesados en comprender por qué, bajo la aparente quietud del campo y las tradiciones, continúan latiendo algunos de los miedos más profundos del cine de terror.
A lo largo de este recorrido, Terror rural y paganismo no se limita a unos pocos ejemplos canónicos, sino que analiza medio centenar de películas representativas del folk horror, organizados por décadas, trazando una genealogía amplia del subgénero. Desde los primeros filmes que vinculaban creencia y paisaje hasta las reinterpretaciones contemporáneas que dialogan con el cine de autor y el terror independiente, el libro construye un mapa coherente del terror rural como espacio donde lo ancestral, lo comunitario y lo pagano siguen operando como fuerzas perturbadoras en el imaginario cinematográfico.
El libro ofrece un detallado recorrido organizadas en capítulos temáticos claramente diferenciados , precedidos siempre por introducciones contextuales que preparan al lector antes de cada relación de títulos. Sorprende, en primer lugar, la amplitud y ambición del corpus analizado , no solo por el elevado número de filmes recogidos, sino porque, junto a los títulos canónicos del folk horror británico, el volumen rescata obras poco conocidas e incluso prácticamente ignotas , procedentes de latitudes lejanas , evitando una mirada reducida exclusivamente a los ejemplos ingleses más citados. El primer bloque fija el núcleo conceptual del folk horror , sus constantes y su contexto: la comunidad cerrada como espacio de amenaza, aldeas y microcosmos rurales que funcionan como sistemas morales alternativos , regidos por rituales, supersticiones y pactos ancestrales, donde se consolidan los arquetipos fundacionales del subgénero —el forastero incrédulo, la aldea hostil, el culto secreto y una amenaza que muchas veces permanece fuera de campo—. En el capítulo La senda hacia la villa , centrado en títulos de las décadas de 1950 y 1960 como Night of the Demon , El hotel del horror , Las brujas o El signo del diablo , se traza el camino hacia la comunidad como viaje iniciático. El faro que nos ilumina articula la tríada canónica del folk horror británico — Witchfinder General , La garra de Satán y The Wicker Man —, donde paganismo, represión sexual, violencia institucional y paisaje se funden en una lectura profundamente política del terror. Con El cuento alrededor de la hoguera , el libro se sumerge en la televisión británica de los años setenta, reivindicando su papel clave en el desarrollo del terror rural gracias a su capacidad para ensayar formas narrativas más arriesgadas, convirtiendo el paisaje en archivo histórico y la pequeña pantalla en un vehículo para un horror cotidiano, lento y atmosférico. Difundiendo la palabra amplía el mapa más allá del Reino Unido y demuestra el carácter transnacional del subgénero, recorriendo especialmente títulos estadounidenses y de otros países, donde España dialoga con Europa a través de la denuncia social, la represión franquista y el folklore criminal. En El castigo divino , centrado en estrenos cinematográficos, se analiza la religión como instrumento de violencia, control y sacrificio, entendiendo el castigo no solo como fenómeno sobrenatural, sino como imposición moral y comunitaria, reforzando la idea del folk horror como cine político. La fábula embrujada explora películas que adaptan narraciones populares, cuentos oscuros y relatos folklóricos, donde lo fantástico se funde con lo poético y el mito funciona como estructura de resistencia cultural. Finalmente, Los herederos del mañana aborda el renacimiento contemporáneo del folk horror con títulos como Kill List , Jug Face , The Witch , El apóstol o Midsommar , mostrando un subgénero consciente de su legado y plenamente conectado con las ansiedades del presente.
Es una lástima que Dilatando Mentes no haya dado continuidad a esta colección dedicada al análisis del ocultismo en el cine, especialmente si se tiene en cuenta la solidez y coherencia de sus planteamientos. Con un primer volumen centrado en el vudú, seguido por Terror rural y paganismo y un tercer libro dedicado a Lucifer, el pacto fáustico y la posesión demoníaca, la serie queda reducida a apenas tres entregas dentro de una producción ensayística cada vez más abundante y diversa. Esta brevedad contrasta con la amplitud de temas, enfoques y tradiciones cinematográficas que el terror, lo esotérico y lo sobrenatural ofrecen para un estudio riguroso y transversal.
En un contexto editorial en el que proliferan los ensayos sobre cine desde perspectivas históricas, políticas y culturales, resulta especialmente valioso contar con colecciones que apuesten por el análisis profundo de lo simbólico, lo ritual y lo oculto como ejes fundamentales del imaginario audiovisual. La decisión de no dar continuidad a esta línea, en detrimento de los libros de ficción que la editorial ha publicado hasta ahora, deja la sensación de un proyecto interrumpido, justo cuando aún quedaban vastos territorios por explorar: desde la brujería y el chamanismo hasta el espiritismo, la magia ceremonial y las nuevas religiosidades contemporáneas que el cine apenas ha comenzado a retratar.
Desde aquí queremos expresar un apoyo explícito a Dilatando Mentes para que retome esta senda y ofrezca nuevas entregas de unos estudios que han demostrado ser rigurosos, accesibles y altamente recomendables. La continuidad de esta colección no solo enriquecería el catálogo de la editorial, sino que contribuiría de forma significativa al debate crítico sobre el cine de terror y sus vínculos con las creencias, los miedos y los imaginarios colectivos que siguen fascinando —y perturbando— al espectador contemporáneo.

















