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viernes, 13 de febrero de 2026

RESEÑA DE "SNUFF MOVIE.FILMANDO LA MUERTE" DE SEKOTIA EDITORIAL

 


Snuff Movie. Filmando la muerte, de Cristian Rodríguez Jiménez

Me acerqué a Snuff Movies. Filmando la muerte con una idea preconcebida que el propio libro se encarga de desmontar desde sus primeras páginas. Esperaba encontrar un ensayo centrado en el análisis cinematográfico de películas que han jugado históricamente con el mito del snuff movie: títulos más o menos alejados de la realidad como Tesis de Alejandro Amenábar, Asesinato en 8 mm (8MM, Joel Schumacher), Hardcore o los falsos documentales y productos de exploitation extremo que durante décadas han alimentado la leyenda de un cine maldito dedicado a filmar la muerte real. Sin embargo, el libro de Cristian Rodríguez Jiménez va mucho más allá —y mucho más adentro— de esa zona confortable de la ficción.

Lejos de refugiarse en el análisis fílmico o en el inventario de mitologías cinematográficas, la obra rompe de forma radical con la idea del snuff como género para abordarlo como concepto y, sobre todo, como síntoma cultural. El resultado es un ensayo que incomoda desde la lucidez y que obliga al lector a abandonar cualquier distancia tranquilizadora.

Rodríguez Jiménez plantea el snuff movie no como un objeto fácilmente localizable, sino como una cristalización extrema de un proceso de deshumanización progresiva. Más que preguntarse si el snuff existe en términos absolutos, el libro se interroga por las condiciones que hacen posible que deseemos creer en él, consumirlo o incluso producirlo. El verdadero núcleo del problema no es la imagen aislada de la violencia filmada, sino la normalización del deseo de verla.

Desde esta perspectiva, el snuff se inscribe en un continuum histórico de violencia que el ser humano ha utilizado como herramienta de supervivencia, de lucro y de ocio. Desde rituales primitivos y ejecuciones públicas hasta la mercantilización digital del sufrimiento, el libro traza un mapa inquietante donde el morbo actúa como aperitivo de la deshumanización. La muerte real deja de ser tabú para convertirse en contenido, y el dolor ajeno en un producto intercambiable dentro de la economía de la atención.

Uno de los grandes valores del ensayo reside en su enfoque multidisciplinar. Cristian Rodríguez Jiménez no escribe desde la especulación ni desde el sensacionalismo, sino desde una mirada criminológica, psicológica, sociológica y filosófica, sustentada en su experiencia profesional y en una metodología rigurosa. El libro no busca provocar por provocar, sino comprender, aun sabiendo que comprender no equivale a justificar.

La obra desmonta el mito del monstruo repentino y propone una imagen mucho más inquietante: la del individuo que se va radicalizando de forma progresiva, casi imperceptible, a partir de una constelación de factores de riesgo. Violencia normalizada, entornos familiares desestructurados, carencias afectivas, frustración sostenida y erosión de la empatía se combinan hasta que la violencia deja de percibirse como excepción y se integra en la rutina. Como subraya el autor con crudeza, siempre es más fácil engañar a alguien que hacerle entender que ha sido engañado.

Uno de los aciertos más incómodos del libro es devolver la mirada al lector. El snuff movie no se define únicamente por la intención criminal de quien graba, sino también por la recepción pasiva —y a veces cómplice— del espectador. Filmar un accidente mortal, un atentado o un linchamiento y compartirlo no es un acto neutro: convierte el sufrimiento en contenido y la cámara en un instrumento de cosificación.

El libro señala con precisión esa contradicción contemporánea: condenamos la violencia extrema, pero no apartamos la mirada cuando aparece en nuestra pantalla envuelta en forma de noticia, viral o vídeo impactante. Reírse de una caída, reenviar imágenes de cadáveres o detenerse a mirar un coche ardiendo no son gestos inocentes. Son pequeñas normalizaciones que, acumuladas, construyen una cultura visual profundamente deshumanizada.

El ensayo dedica una atención central al papel de internet como catalizador de estas dinámicas. La red —y especialmente la dark web y la deep web— funciona hoy como un nuevo videoclub clandestino donde la violencia extrema circula, se archiva y se consume bajo la ilusión del anonimato. Pero el fenómeno no se limita a esos espacios marginales.

Rodríguez Jiménez analiza con lucidez cómo plataformas aparentemente inofensivas como TikTok o Instagram se han convertido en espacios clave para la difusión de mensajes radicales. La propaganda ya no es explícita: se presenta de forma emocionalmente eficaz, sutil, progresiva. El scrolling infinito actúa como un mecanismo de absorción donde el usuario no busca el contenido extremo; es el contenido el que lo encuentra, lo seduce y lo normaliza.

Especialmente perturbador resulta el análisis del uso sistemático de la imagen violenta por parte del terrorismo yihadista. Las ejecuciones filmadas y los atentados editados con una estética casi cinematográfica no son actos improvisados, sino productos comunicativos diseñados para infundir terror, construir identidad y fidelizar audiencias. La muerte se convierte en mensaje político y en herramienta de captación.

El libro amplía el foco al insertar el snuff dentro de una economía global del crimen donde confluyen terrorismo, narcotráfico, trata de personas y control territorial. Rodríguez Jiménez describe cómo las organizaciones criminales contemporáneas funcionan como empresas transnacionales: descentralizadas, adaptativas, capaces de mutar y sobrevivir. En este contexto, la violencia no es un exceso, sino una herramienta estratégica.

La trata de personas emerge como uno de los negocios más rentables y crueles. Migrantes convertidos en mercancía, víctimas reducidas a cifras dentro de una cadena de valor. La grabación de la muerte aparece aquí como la culminación simbólica de un proceso previo de deshumanización: la cámara no crea la violencia, simplemente la certifica y la convierte en producto.

Lejos de proponer soluciones simplistas, el libro apuesta por la prevención primaria como única vía sostenible. Educación crítica, alfabetización mediática, trabajo comunitario y generación de contranarrativas aparecen como herramientas clave frente a respuestas basadas únicamente en la censura o la fuerza. Prohibir sin comprender, advierte el autor, puede ser incluso contraproducente, ya que invisibiliza dinámicas que convendría observar para poder intervenir a tiempo.

La obra no romantiza tampoco la figura del profesional que estudia la violencia. Analiza el desgaste emocional, los mecanismos de defensa y la necesidad de autocuidado de quienes se enfrentan de forma continuada al horror. La normalización no afecta solo a la sociedad: también alcanza a quienes intentan comprenderla.

El libro no elude tampoco el terreno resbaladizo de la historia y el mito que rodean a las snuff movies. Rodríguez Jiménez dedica un espacio fundamental a rastrear sus supuestos orígenes, desmontando la narrativa simplista que sitúa su aparición en los años setenta como un fenómeno aislado. A través de un análisis riguroso, el autor examina cómo el snuff ha funcionado durante décadas más como una construcción cultural que como una categoría fílmica verificable, alimentada por rumores, miedos colectivos y representaciones ficticias en el cine y la literatura. Películas, novelas y productos audiovisuales han contribuido a consolidar un imaginario donde la frontera entre realidad y ficción se difumina, reforzando la fascinación por lo prohibido y lo oculto.

Este recorrido histórico se complementa con una reflexión profunda sobre el impacto cultural, legal y ético del fenómeno. El ensayo analiza cómo las snuff movies han sido utilizadas como recurso narrativo en películas y series, convirtiéndose en un espejo incómodo de nuestras propias contradicciones como sociedad consumidora de imágenes extremas. Al mismo tiempo, el autor aborda con precisión los debates sobre censura, libertad de expresión y responsabilidad moral, preguntándose hasta qué punto la ficción puede servir de coartada para normalizar la violencia real. El libro examina tanto casos históricos y contemporáneos de presuntas snuff movies —muchos de ellos falsos o deliberadamente manipulados— como la circulación de testimonios y pruebas cuya veracidad se diluye bajo el peso del sensacionalismo. El resultado es una exploración exhaustiva y crítica que no ofrece respuestas fáciles, pero sí una mirada informada y profundamente incómoda sobre el lugar que ocupa el snuff en la cultura contemporánea y sobre la necesidad de cuestionar no solo lo que se muestra, sino por qué deseamos verlo.

Snuff Movies. Filmando la muerte es un libro valiente, incómodo, lúcido y profundamente necesario. No se refugia en el mito ni en la ficción, ni ofrece al lector la coartada moral de mirar desde lejos. Por el contrario, lo interpela directamente y lo obliga a revisar su propia relación con la violencia, la imagen y el espectáculo.

No es una lectura fácil ni complaciente, pero sí imprescindible para comprender los límites —y las grietas— de nuestra cultura audiovisual contemporánea. Un ensayo que no busca escandalizar, sino despertar conciencia, y que demuestra que el verdadero horror no siempre está en lo que se filma, sino en la forma en que miramos.

Rodríguez Jiménez examina meticulosamente la historia y el desarrollo de las snuff movies, explorando sus orígenes en rumores y leyendas urbanas hasta su representación en la cultura popular y los medios de comunicación. El autor analiza cómo estas películas han capturado la imaginación pública y han sido objeto de especulación, tanto por su supuesta existencia como por las implicaciones éticas y legales que conllevan.

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